Bogotá, ciudad performance

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A cada instante y en medio de sus rutinas, Bogotá se transforma y se define. En su ejercicio de creación ofrece las más variadas posibilidades para que habitantes y turistas hallen motivos para el asombro y la diversión.

La escenografía, según voces propias y forasteras, está montada por todos lados. A Bogotá, Colombia,  como un videoclip, la cultura la ha consolidado como una capital no solo nominal, sino real. Esta es su fuerza vital más íntima. Así, mimos con un discurso mudo de ciudadanía toman posesión de parques y retrasan los pasos acelerados de hombres y mujeres. Teatreros en La Candelaria, banqueros, raperos y roqueros, entre otros tantos artistas conviven en calles y espacios públicos.

El verde es ley en esta ciudad. Entre parques, ciclovías, andenes, jardines y espacios
públicos pensados a la escala del hombre, esta inmensa ciudad le da al ser humano lugar para detener su rutina. Hay parques de todos los tamaños y gustos; por ejemplo el Virrey,  el Parque de la 93, el Parque del Renacimiento, el Parque Central Bavaria, Plazoleta Antonio Nariño y el maravilloso Simón Bolívar.

Visitar Bogotá puede convertirse en una  clase de historia política de Colombia, si se asiste a determinados sitios. En el Museo del Oro se puede acceder a riquezas culturales y artísticas de los primeros pobladores y de la herencia que ellos dejaron. La Casa del Florero para trasladarse a los años de inicio de la República o la Casa de la Moneda, entre otros.

Como ciudad cosmopolita, en Bogotá se reúnen culturas del mundo. Exquisitos restaurantes  de comida oriental, francesa, árabe, argentina, peruana, y de muchos países más, donde se habla español, pero se deleita el paladar en el idioma natal de los sabores de su carta.

Esta ciudad cosmopolita está aunada por diversos valores culturales. Así, en su geografía urbana se alzan bellas y monumentales esculturas. Bogotanos y visitantes no se cansan de ver  obras como La Cascada, ubicada en  el Parque Lineal El Virrey; o La Mariposa en la plazoleta Antonio Nariño. En Bogotá cada dos años se realiza un festival iberoamericano,  que con sus montajes complejos conquista el territorio en una fiesta profana. Esta ciudad es un enmarañado ensamble de obras y artistas: artes plásticas, teatro, danza y música siempre son una puerta de entrada que solo puede ser  el gesto desprevenido de doblar una esquina.

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