Productores de finos cueros, joyas, alfombras y una sensualidad musical inigualable.
Marruecos limita al norte con el mar Maditerráneo, al este y al sureste con Argelia, al sur con la República Saharawi y al oeste con el Océano Atlántico Y es el sitio ideal para comenzar un viaje por África.
En su totalidad resulta palpitante y provocadora. En cada pequeño espacio del país se pueden encontrar mercados callejeros en los que se comercializan alfombras, tallados en madera, y joyería. Una de las producciones más relevantes del país es el hachis. Aunque, también elaboradores de marroquinería fina. La artesanía es muy significativa para este país.
Marruecos ha sido musa de virtuosos creadores del arte como Eugenio Delacroix. Cien años después, el cine estadounidense también se obsesionará con este lugar que generaba todo tipo de fantasías. De este modo, es que este país ha desplegado sus costumbres artísticas con la música como hilo conductor. Estas son del estilo clásico que desarrolló en la España musulmana y las usanzas musicales cuentistas del Berbers indígena a través de la fusión contemporánea de estilos africano y francés. A pesar de sus ritmos árabe-africanos (debe mucho a la música beduina), combinan instrumentos eléctricos para crear un efecto hipnótico.
En edificios religiosos y residencias millonarias son características las mayólicas pintadas y esculpidas en su ornamentación interior. Si bien Marruecos es sumamente excitante, su gastronomía es la excepción, ya que resulta agradable y consistente, pero elemental y el té es la bebida marroquí por excelencia. Respecto del idioma, se podría decir que se practican varios dialectos de Berber en el campo y particularmente en las montañas.
Las mujeres musulmanas observan sucesos callejeros a través de pantallas ubicadas en el interior de sus casas. Por lo cual, y entre otras diferencias de género, resulta una cultura difícil de digerir pero excitante al experimentar.
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