Parque Talampaya: guardián de un paisaje arqueológico

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Talampaya
El Parque Nacional Talampaya es una conjunción muy singular de belleza natural, reserva arqueológica y tesoros paleontológicos.

En la Provincia de la Rioja, en 1975 se creó el Parque Provincial Talampaya con el objetivo central de conservar los importantes yacimientos paleontológicos y arqueológicos presentes en el lugar. Fue incorporada dos años después al Sistema de Parques Nacionales de la Argentina.

Talampaya, que proviene de una conjunción de voces quechuas y significa “río seco del tala” (tala: árbol autóctono), sintetiza en su nombre los rasgos principales de su paisaje y clima. Ocupa las serranías bajas del centro oeste riojano y expone importantes procesos erosivos. En sus notables formaciones naturales, que forman cañadones de rectos y altos paredones, el agua, el viento y el tiempo fundieron figuras caprichosas, recreando un ambiente lleno de misticismo.

Este Parque es dueño de una importante riqueza arqueológica. Las ocupaciones humanas ocurridas entre los años 120 y 1180 de nuestra era, utilizaban cuevas y aleros del lugar como viviendas y depósitos. A cielo abierto, sobre paredones verticales y grandes rocas, una numerosa cantidad de grabados figurativos (antropomorfos y zoomorfos) y abstractos (geométricos diversos) expresan una fusión entre naturaleza y cultura, componiendo una de las localizaciones más relevantes del arte rupestre argentino. El visitante puede apreciar este paisaje arqueológico en dos lugares habilitados a la visita del público: Puerta de Talampaya y Los Pizarrones. La Ciudad Perdida es uno de los sitios de mayor atractivo turístico, por su espectacular belleza panorámica y las extrañas geoformas que es posible admirar allí.

Por su parte, la flora es arbustiva, rala y achaparrada. Algunas plantas características de estos desiertos son el retamo, la jarilla, la brea, la chica que un arbolito endémico de La Rioja, San Juan y San Luis. Otras, son las cactáceas, como los “puquis” y cardones, además de los majestuosos algarrobos. Existen amplios sectores casi desprovistos de vegetación denominados huayquerías donde se encuentra la verdolaga, especie argentina exclusiva. La mayoría de las plantas de la región tiene una aplicación en medicina naturista.

Al igual que la flora, las especies animales tuvieron que adaptarse a las inclemencias del clima. Ejemplo de esto son los cuises, vizcachas y armadillos, como así también el pichi llorón y el pichi ciego, en peligro de extinción. Entre los herbívoros encontramos a la vicuña, el guanaco y la liebre mara y entre las especies carnívoras habitan hurones y felinos como el puma. También se observan zorros grises, chuñas de patas negras, calandrias mora, guanacos, lagartijas y el impecable vuelo del cóndor andino que sobrevuela el Cañón de Talampaya.

La misteriosa Sierra Grande

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avila
En Venezuela, el Cerro Ávila no solo se encuentra envuelto por selvas y cataratas,  sino que es un territorio medular para la tradición de la Ciudad.

Al cerro Ávila, los indígenas lo llamaron en un principio Guaraira Repano (Sierra Grande). Esta montaña con bosques y límpidos saltos de agua, se ubica al norte de Caracas y separa a esta ciudad de las playas del Litoral del Centro.

El Majestuoso Parque Nacional El Ávila, se alza frente a la población. Este sitio a través de los años ha sido la causa de creaciones musicales, literarias y demás expresiones artísticas de hombres de todo el mundo. Esto es porque Ávila se encuentra envuelta  en un halo enigmático colmado de leyendas.

Esta bella geografía venezolana  está situada en el área Centro-Norte de Venezuela, dentro del trayecto medular de la cordillera costera. La grandiosa montaña  tiene una extensión de más de ochenta kilómetros, y un ancho de dieciséis kilómetros aproximadamente. La pendiente del norte de este Parque  se toca con el litoral y la pendiente sur con Caracas, Guatire, Guarenas y otras poblaciones.

El clima en esta zona resulta  inmensamente variado. Por ejemplo, en el valle de Caracas, por la pendiente sur se registran temperaturas anuales de unos 21 a 22 ºC aproximadamente. En tanto que a la altura del mar, por la pendiente norte, la media anual es de 27 ºC. Pero es así también, que en sus crestas más elevadas el registro ha estado por debajo de los 0 ºC.

Sin lugar a duda, El Ávila es  uno de los hijos de este hábitat, más significativos que ha persistido fuerte e intacto a través del tiempo. En  su valle fue donde en 1567 se  fundó Caracas. Años más tarde, en 1575, el Alférez Mayor de Campo, Gabriel de Ávila, dispone sus posesiones en este cerro e inspira el nombre con el que hoy se lo conoce.

Pero fue recién en  1958 cuando la junta provisional de gobierno,  le dio al cerro Ávila la categoría de Parque Nacional, con una superficie de 66.192 hectáreas. Posteriormente, en 1974 se amplió su  área, quedando en 85.192 hectáreas.

Único Parque Nacional con costas marinas

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tierra del fuego  
Parque Nacional Tierra del Fuego, territorio boscoso colmado de espejos de agua.

En el Parque Nacional Tierra del Fuego se pueden apreciar maravillosos lagos, lagunas y ríos que se encuentran dentro de sus límites. Este sitio, que se encuentra ubicado a un poco más de diez kilómetros de la ciudad, desborda  belleza en su salida hacia el Canal de Beagle.  Ésta es la particularidad que lo distingue de otros parques nacionales de Argentina.

Si se recorre hacia el sudoeste, desde el puerto,  se llega a las afueras de la ciudad y así al faldeo del Monte Susana (senderos transitados por convictos del viejo presidio de  Ushuaia cuando talaban los bosques de la zona). Más adelante, se prosigue a lo largo del valle del Río Pipo y se ingresa a bahía Ensenada. Allí es posible avistar las Islas Redonda y Estorbo.

Por otra parte, sobre la otra costa del Canal de Beagle resulta inevitable contemplar los Montes Nevados de la Cadena Sampaio, que pertenecen a Chile.

En las cercanías, a pocos kilómetros, se llega al Lago Roca. El paisaje incita a  realizar caminatas a orillas del lago y también del Río Lapataia, que es una desembocadura natural del Roca. Desde aquí, y contra el cielo despunta el Cerro Cóndor, por cuyo pico pasa el límite con la República de Chile.

Además, en Bahía Lapataia, a través de un extenso recorrido se observa la Laguna Verde y la Laguna Negra, hasta llegar finalmente al dique de los castores. Así, todos estos  caminos envolventes de espejos de agua y flora sugerente atrapan hasta sentir la necesidad de detenerse en la absoluta contemplación.

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