Pequeñas cosas del tango argentino

  
Buenos Aires es dueña de museos de la cultura tanguera en donde se exponen efectos personales y documentos de representantes de este estilo musical.

En Buenos Aires, Argentina se puede ir a espacios culturales donde poder encontrar, en pequeños objetos la historia de nuestro tango. Entre muchos sitios, el  Museo vivo del Tango es el primer espacio oficial dedicado a la música ciudadana. De este modo se puede realizar un recorrido por la historia del tango a través de cientos de fotografías y objetos de cantantes y músicos de todos los tiempos.

En este sitio se encuentran salas en las que se exponen objetos curiosos de figuras destacadas del tango argentino. Así, se puede observar vestuario, instrumentos, partituras, cartas, entre otros elementos de Carlos Gardel, Aníbal Troilo, Astor Piazzolla y Roberto Goyeneche. La visita guiada al Museo se completa con una sala de video y otra de radios antiguas con las voces grabadas de los que fueron hacedores del Tango.

Pero donde el tango lleva de las narices, es al museo Carlos Gardel. Esta fue la última casa del zorzal criollo, en Buenos Aires. La vivienda que estaba destinada a la demolición, hoy se perfila en el Abasto. Allí pueden observarse otros tantos objetos personales del cantor en una casa típica del ´20, que grita identidad tanguera. Y este brote de la voz, también  se traslada al Museo de la Palabra, en Villa Adelina.

Este sitio no es un museo formal pero es custodio de una relevante colección de registros: grabaciones en pasta, pasando por las de alambre con los respectivos reproductores, un fonógrafo inventado por Edison en 1877, cuyas grabaciones se realizaban en cilindros y de los cuales tiene, entre otros, un registro de Ángel Villoldo. Puede encontrarse también un gramófono Víctor de 1903, completamente original, con bocina de roble americano y una Victrola de 1925. Se suma a la relevancia de este espacio cultural, la fundamental documentación histórica. Entre esos documentos se posee una fotocopia de la partida de nacimiento de Charles Gardes, en Toulouse, en la que Berta Gardes reconoce el nacimiento de su hijo natural, con lo que queda desvirtuada cualquier otra noticia que se contradiga con ésta.

 

 

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